sábado, 22 de enero de 2011

JEREMIAH JOHNSON


Desde muy pequeño ya sintió los primeros gélidos fríos, el aullido de los lobos con dos patas, las estanterías escalonadas sociales que definían su condición social, de almirante marinero su primera y última comunión, no sin haber escuchado anteriormente al cura confesor en su insistencia de que se le explicase como había sido aquel juego de médicos con aquellas otras niñas del barrio (hasta el número de veces y punto de reunión). Para más inri tuvo que hacer la E.G.B en un internado con profesorado interino y dirigido por monjes, en aquel colegio se mezclaron negros y blancos. Naturalmente a los negros como a Jeremiah, se les subrayo una y mil veces su condición social, las prebendas y ventajas también eran naturalmente para unos premeditados blanquitos o niños de papa.

De alguno de aquellos compañeros negritos, triunfo: si, no es más que una falsa mentira, se convirtieron en mercenarios, adoctrinados, limpiabotas y camareros con cofia, que, sonreían, sonríen a los aplausos de sus pastores.

Pero los inviernos seguían siendo gélidos, y en ese paso a través de la montaña, en la preparación militar que por entonces era obligatoria, al terminar, al terminar dicho servicio militar, en aquella cartilla militar al valor mostrado, se firmaba como “se supone”. Y, hubo más de cuatro ocasiones en la que a aquella suposición hubiese cambiado de nombre, de no ser porque en la montaña, muy a pesar de que estuviese nevada, despintaba el color verde de pinares y, trato de tomarse aquello como un paso escalonado donde se agradece que sea el caballo el intermediario entre la nieve y jinete, que más tarde o más temprano llegaría la primavera, la claridad ayudaría a diferenciar los lobos y las presas, aprendiendo a negociar con ellas.

Entre cigarrillo y cigarrillo era gustoso de reposarse en la barra de algún salón de baile, el humo era la perfecta excusa en ese vacío de palabras donde se tenía que improvisar guión. A veces, en cierta ocasión, el humo de dos cigarrillos se entrelazo a distancia desde la misma barra donde se mezclaba música y alguna copa de vodka con naranja. Y, como un tornado ese humo entrelazado, hizo que la dueña y dueño de sus cigarrillos se acercasen, hablasen, bailasen…………………..

1 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Gracias por volver a publicar.

Siempre me gusta.

Saludos.

мι ℓιѕтα ∂є вℓσgѕ