
Jeremiah Johnson, había marcado su particular línea blanca y recta, camino difícilmente, con apeaderos, zonas de descanso tal vez, pero sin giros a derecha o izquierda. Un viernes por la mañana como cada mes, visitó la dueña del piso que habitaba para pagarle el alquiler, se quedaba sin un puto duro, pero no le preocupaba, ese día le ingresaban su nómina, también estaba a la espera de recibir en un sobre el importe de las horas extras. Tras prepararse un bocadillo, se marchó a su lugar de trabajo con turno tarde-noche, relevó a su compañero Luis.
Terminó su jornada sobre media noche, relevándolo Miguel. La noche demasiado fría y seca, Jeremiah Johnson estaba ansioso, esa noche le apetecía tomarse un buen vodka con o sin naranja, su jefe Rodolfo no había pasado en toda la semana por el lugar de trabajo a repartir los sobres de las horas extras del mes anterior, pero ya se habían acostumbrado a ese tipo de retrasos. En la ciudad una vez que se había cambiado de ropa, aparcó su viejo coche en doble fila enfrente de un banco o caja y se dispuso a sacar dinero, la nómina al menos si que mantenía puntualidad. Antes de entrar, percibió la presencia de al menos cinco personas, una de ellas estaba en silla de ruedas y cuatro tumbadas sobre unos cartones y tapadas con mantas, una maleta, dos bolsas sobradas de ropa. La situación era trágica, pero daba tranquilidad a este inquilino que iba a sacar un poco de dinero del cajero.
-¡Hola!
Nadie contesto, era un matrimonio de mediana edad con dos hijos de 20, 17 años y abuela. Percibió que eran personas normales, tan españoles como él.
-Jefe, no me gusta meterme en la vida de nadie, pero ¿Qué es lo que les ha pasado?
-Este banco nos ha quitado el piso donde vivíamos, me quede sin trabajo, se me acabó el paro y encima seguimos teniendo la deuda.
Mientras tanto introducía sus números clave, pensaba sacar 50 euros más, al menos se tomaran un desayuno caliente. Pero, el extracto daba un saldo de tres euros. Jeremiah, contuvo la rabia, no le había ingresado la empresa el importe de la nómina y, se despidió de allí diciendo.
-Estos hijos de puta mañana si os ven aquí, querrán cobraros la estancia de esta noche.
Llamó a casa de su jefe, un número de casa, nunca llamaba a ese número pero, a pesar de que ya eran cerca de las dos de la mañana, quiso las explicaciones necesarias. Al otro lado del teléfono se puso la mujer de su jefe Rodolfo.
-¿Quién es?
-Buenas noches, soy Jeremiah ¿Me pone con Rodolfo?
-Pero….. ¿No ha ido a relevarte esta noche?
Durante un momento se quedo pensativo, a él quien le había hecho el relevo era Miguel, su jefe Rodolfo no hacia esos relevos, nunca que Jeremiah supiera en los años que llevaba en dicha empresa. Algo no cuadraba, pero si sabía, que si le había dicho eso a su mujer, sabía también la hora que regresaría a casa, teniendo en cuenta la distancia que separaba del polígono industrial.
-Bueno, seguramente, habrá relevado a Miguel por algún motivo, perdone la molestia señora y pase buenas noches.
Seguidamente, se fue al polígono para si por un casual, su jefe estaba de vigilante en dicha factoría, a medida que se aproximaba vio a su compañero Miguel vigilando los monitores y se dio media vuelta. Le importaba un comino si su jefe engañaba a su mujer, pero que utilizasen su nombre para dicha coartada había un trecho. Camino de vuelta lo estaba dedicando a pensar, aparcó su viejo coche en la misma calle donde vivía su jefe, pensaba, pensaba. Justo al lado había unas casas de unifamiliares, sin acabar, dos años hacía que no se veían movimientos de albañiles, materiales por el suelo desperdigados.
A las 5:45 un coche desconocido aparcó en doble fila unos 15 metros alejados del portal de su jefe a dos coches de donde estaba Jeremiah. Las luces del aparato de música delataron que era su jefe Rodolfo quien iba en aquel coche desconocido, pero aún era más desconocida la afición que tenía, cuando vio que se daba un beso de tornillo con aquel otro hombre. Jeremiah respetaba toda clase de opción sexual pero no que le tomaran el pelo.
Tres minutos después mientras se hacían carantoñas y animados por una nieve consumida, en el cristal del conductor amigo de Rodolfo es roto por un ladrillo que, seguidamente siente en su cuello una escopeta del 12.
-¡Las carteras encima del salpicadero! ¡Os reviento los sesos!….. ¡Fuera del coche!
Fueron unos interminables segundos, y el atracador se llevó el coche, en una de las carteras había dos billetes de 500 y en la otra 8 de 100. EL atracador pasó por el cajero y dejó los dos de 500 a sus inquilinos. Luego tranquilamente se fue a un bar de copas, pudo saborear su vodka, esta vez con naranja, por alguna razón pensaba que todo estaba predestinado, unos tubos de fontanero de la obra abandonada, una vieja media que algún ligue pasajero se le quedó perdida en su viejo coche, el humo de los cigarrillos se deslizaba como siempre por la barra del bar. Al lunes siguiente.
-Jeremiah ya tienes ingresado el importe de la nómina, tuve algunos problemillas……..
3 comentarios:
Increíble, pones el listón muy alto. O en este casos los tubos de fontanero.
Me gusta el altruismo de Jeremiah, todo lo contrario al de los bancos.
Un saludo y bravo.
Este Jeremiah me cae muy bien.
Saludos.
Dante977
Son tiempos difíciles para el altruismo pero, Jeremiah muy a pesar tiene cierta sensibilidad.
Un Saludo.
TORO
Este personaje, dentro de sus posibilidades intenta ser simpático.
Un saludo.
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