…Desde su garita como vigilante, una noche como tantas, le gustaba contemplar a un pequeño mamífero a la luz de las farolas, fuera del perímetro de su responsabilidad, algunos trozos de restos de pan de bocadillo que Jeremiah improvisaba, era la causa de aquel vecino inquilino. Mientras lo contemplaba, recordaba una parte de su infancia, a la edad de aproximadamente 5 años, le regalaron un pequeño conejo, un peluche viviente y animado que, invitaba a corretear por el pequeño pasillo, meterse por debajo de las camas rectando hasta cogerlo en una esquina de la habitación. Luego cuando este crecía se sumaba a los que había en unas jaulas metálicas, una ayuda domestica que por aquellos años era natural en sitios rurales.
-¡Bang! ¡bang! ¡bang! ¡bang! ¡bang!
Cinco disparos secos se unieron seguidamente a los recuerdos de su infancia: una gineta moteada que se acercó sigilosamente al conejo que degustaba restos de pan, recibió cinco impactos de un revolver calibre 38 mm de los que solo uno de ellos hizo blanco partiéndole la cola a dicha gineta, esta, huyendo al mismo tiempo que el apreciado conejo. Jeremiah hizo huso de su arma reglamentaria a través de la ventanilla corredera. Un minuto después una furgoneta paso a toda velocidad por la carretera que daba acceso a todas las naves industriales en dirección a la carretera de salida de dicho polígono industrial, con tal suerte que, justo a la salida había una patrulla de tráfico controlando la velocidad, que fueron interceptados los de la furgoneta y detenidos. Los detenidos dijeron que les habían disparado sin avisar otros compañeros suyos y dichos agentes visitaron a Jeremiah, y, sin dejarle explicarse.
-Entendemos su reacción, dado como está el patio y gracias a ello, hemos cogido a unos ladrones.
Jeremiah no daba crédito, tanto que al día siguiente en su lugar de trabajo, un gerente, un directivo le hizo una visita dándole las gracias por su actuación y le dio un jamón de bellota. Resulta que en una nave colindante, dichos ladrones intentaron hacer un agujero por una de las paredes de chapa para sustraer de dicha nave embutidos y jamones almacenados para ser exportados.
Ya, en el bar favorito de Jeremiah, con esa decoración en sus paredes de elementos musicales, como un saxo, trompeta, trombón, y, esa música de jazz que suena. Sentado en su lugar de costumbre observa que hay nueva camarera con curvas prometedoras, que en una de las esquinas hay cuatro lobby con pinta de abogados engominados, apostando a la baja, por el menor precio que dicha camarera accedería a tener contacto sexual con alguno de ellos. Jeremiah, saludo a la nueva camarera.
-¡Hola! tengo un jamón de bellota sin empezar, si, cuando termines tu jornada, no tengo inconveniente en compartirlo contigo.
Aún, sin haber empezado el jamón, desde la cama, la camarera preguntó a Jeremiah de que animal era aquella cola que había colgado en la pared de enfrente.
-Es de una gineta, una pequeña historia de buena suerte.
-Pero, eso de la buena suerte, tengo entendido que las dan los rabos de conejo.
-Uhhmmmmnn tienes toda la razón.
2 comentarios:
Un jamón de bellota no es poca cosa. ¿Qué le habrían dado si hubiera disparado a la cola del conejo?
Un saludo Terry
Bueno, Dante, a saber, de todas maneras dicen los chinos que este es el año del conejo.
Un saludo.
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