
Siguiendo la rivera de playa de, este, nuestro querido mediterraneo, los cascos flacos de un caballo y, su compañero jumento, salpicando a cada paso, como los niños hacen con las papillas en su babero. Entrando en playas de Tarragona, refrigerando los equinos sus patas y bien sazonadas, fieles a sus monturas dos caballeros van cogiendo tonos morenos que a un lado izquierdo tienen las caprichosas olas de mar y al derecho un gentío con sus sombrillas, sillas y, demás alfombrillas.
-Cuanta de gente, hay aquí mi señor, que, sus alrededores y capitales las hayan quedado vacías.
-Sancho, no todos presumo tengan crédito, muchos se han de conformar con el orballo de la ducha, la piscina del ayuntamiento y, si me apuras, el río de toda la vida, compartido con las resistentes carpas a los residuos de mercúrios, aceites y demás familiares químicos.
Una avioneta, con su correspondiente banda de propaganda, interrumpe la presumible tranquilidad de esta pareja de viandantes que, chapurrean por aguas refrescantes.
-Mi señor, ese aparato de vuela como los antiguos dragones meneando su larga cola.
-Sancho, verás, sucede que estas gentes, acostumbradas a ver en casa sus videntes aparatos cuadrados, donde las tele bricomanias ejercidas por los adivinadores echadores de cartas y suertes, ahora, estas nobles gentes en su tiempo ocioso, no echen de menos, los parecidos consejos. Para que la vaselina de engrase, a la vuelta del engranaje, este sistema responda,con esos aparatos voladores como dragones, así, recuerdan su memoria.
Un niño enteradillo salta y, dice.
-¡Papa, papa, mira...Son los del anuncio que han cambiado las bicicletas por un caballo y un burro!
-¿Veis, Sancho lo que os decía? hasta los niños han cogido la enfermedad de la tele bricomania.
-Si, mi señor, pero con bicicletas o burros, nosotros estamos haciendo aventuras con el giro y tour por destos mundos las veinticuatro horas del día.
Siguiendo la misma dirección, se encontraron con una playa tranquila, Waikiki por nombre, pocas gentes se veían y todas ellas desnudas, que la primera que avistaron, era una bella dama sobre una roca erosionada en la misma orilla, mirando el horizonte que confunde el color del mar con el cielo.
-¡Mi señor! ¿Veis lo que yo veo?
-¡Por Neptuno que si lo veo Sancho! ¡Una hermosa sirena regalada por la brisa del mar, se presta a contemplar la despedida del sol de este día, con su alegre canto y melodía!
Y, D. Quijote con su escudero se acercan hasta tan semejante imagen idolatrada, haciendo todos los honores ocurrentes que están escritos, más los improvisados por caballero andante frágil y servidor de las buenas causas. Sancho alegraba una vez más las bolillas de los ojos, dejando hacer a su fiel caballero todos los honores que manda el protocolo, tomando el mismo interés en la observacion de los movimientos angulares y gráciles de la presumible sirena que, bajando se estos de sus equinos. Sancho se queda a unos metros custodiando a Rocinante y a su jumento, acercándose D. Quijote y con rodilla clavada en la misma orilla y arena.
-Buenas y encontrados sean los horizontes que anhelan vuestros ojos de sirena, permitid que me presente: Por humilde caballero me tengo y mi nombre Don Quijote de la mancha, acompañado de mi fiel escudero Sancho Panza. No es, nuestra intención molestaros, simplemente satisfacer la curiosidad que, escrita está en los libros y hoy la providencia nos brinda a contemplaros.
-Que cosas más bonitas dice usted caballero, gracias por lo de sirena ¿Nunca vio una mujer desnuda? Por que creo, que usted, ni es Don Quijote por mucha chapa que lleve oxidada, ni yo una sirena. Me parece un viejo verde, con ganas de ligar. Aquí, en esta playa somos transparentes y, no escondemos nada de detrás de la ropa, menos aún de la mente.
-Creo, que me juzgáis mal, hija de Poseidon, princesa de los siete mares, por más desnuda y clara yo tengo el alma. Que os pido y suplico que en este casual encuentro, no nos retengáis 20 años con encantamientos, como al sabio Ulises, desesperando a su Penélope y, yo a mi Dulcinea del Toboso, pues son muchos los caminos torcidos que, enderezar tengo para que me hagáis perder ese tiempo.
No cabe duda, que el ego de esta bella mujer, esa misma tarde le había crecido. Naturalmente, la que confundieron con sirena no estaba sola y, su compañero viendo que esta tenia compañía, se acercó haber que pasaba. Sancho, advirtió tal presencia y aún más grande sorpresa. La bella sirenita viendo acercarse a su novio...
-¡Haberse visto cara dura! ¡encima vacilandome y quedando se conmigo!
-¡Mi señor, de se acerca el sireno con las manos vacías, pero, con el tridente entre las piernas y, por la arena arrastrando!
-¿Que pasa cariño?
-No, nada mi amor, estos señores..., sobre todo este muy gracioso...Les he dicho que esta es una playa para nudistas, que si no toman ejemplo, se marchen y guarden respeto.
-Bueno, señores, oído cocina, o toman ejemplo o mejor sigan su camino.
-¿Quien se atreve a dar ejemplos cívicos a este caballero?
-Mi señor, sigamos nuestro camino y que la providencia salga a encuentro nuestro. Este tritón desescamado nos lo dice muy educado.
-Sí, que no se piense este al que le cuelga el minutero que, siempre las horas le darán toda la razón.
Y, sin mediar más palabra por parte de los nudistas, los famosos caballeros, montan sus jacopacos y siguen su camino. La sirenita protagonista no puede evitar mirar por el rabillo del ojo, alejarse al caballero de la triste figura.
-Mi señor, esta playa de tenia un nombre, así, como guay quiqui y, aunque los sirenos no tengan escamas, la pescadilla siempre muerde la cola.
-Sancho, prevalecer de buenas intenciones es de caballeros, como de intenciones es hacer buena siembra, ya sea en tierra fértil o pedregales.